Si tienes en casa a alguien de entre 9 y 12 años que aún no ha encontrado su libro —el que se lee a escondidas con la linterna, el que termina en un fin de semana, el que pide continuar— probablemente no sea cuestión de obligar más. Es cuestión de elegir mejor la entrada.
La novela gráfica funciona porque respeta el tiempo del lector que se inicia: la imagen sostiene, el texto avanza, la trama tira. No simplifica la historia, la cuenta de otra forma.
Las 39 pistas es exactamente eso: aventura, misterio y rigor histórico en un formato que engancha desde la primera página. Una buena puerta de entrada para empezar a leer por gusto.